La Arquería
es un deporte maravilloso, y no por nada es considerado una práctica Zen. Es un
deporte que fortalece el cuerpo y la mente. Cada flecha es un viaje interior,
donde no es “disparada”, es “soltada”. La flecha nos abandona y nosotros nos convertimos en el blanco, y en ese momento
llega la iluminación. No hay que perseguir una pelota o medir la fuerza física a
los empujones. La fuerza es necesaria, pero solo es un instrumento de la mente,
y es usada con el único objetivo de acertar la flecha en uno mismo.
Solamente
en 2 lugares tuve esas experiencias donde “se te abre la cabeza”: sentado en la
nieve en la montaña, escuchando el silencio de los arboles, y en la línea de
tiro, guiando la flecha con la mente hasta el blanco. El Tiro con Arco, en las
manos adecuadas, es una poderosa herramienta de meditación.
Solamente
llevo 9 meses practicando arquería, pero me ha cambiado el cuerpo y la mente.
Entreno 2 veces por semana, y todos los meses compito contra mi mismo. Y hoy
fue mi primer día de entrenamiento de la semana. Hice mis ejercicios previos,
arme mi arco, Yggdrasil, tome mis flechas y me dispuse a no pensar, a tratar de
meditar. Levante mi arco, tense la cuerda… y en ese momento, en el silencio de
mis pensamientos, escucho una vocecita… una vocecita que tengo un poco
abandonada a pesar de ser una gran parte mía… que me dice:
- Rodrigo… gobitos!
Relaje la
espala, cerre el arco… guarde la flecha. Infle unos globitos, los colgué en el
blanco y le di a mi niño interior diversión como hacia mucho tiempo que no
tenia. Y como le hacia falta…